Horacio Salgado Fernández
Psicólogo Universidad de Concepción

Fustigado por la invitación de un amigo, viajé hace pocos días a una zona campesina ubicada en la provincia de Cachapoal, a unos 50 kilómetros al suroeste de Rancagua, en Chile. Me convenció la idea de asistir a una localidad que ya en un par de ocasiones me había asombrado por su particular belleza y sencillez. Una sobria entrada de arces, que es un verdadero túnel de árboles, con una serie de construcciones antiquísimas en ambos flancos y varias casas señoriales diseminadas a lo largo del pueblo, aparte de las visitas mencionadas con personas de quienes conservo poderosos recuerdos eran razones más que suficientes para regresar. En esta oportunidad, como si fuera poco, la localidad –perteneciente a la comuna de San Vicente de Tagua Tagua- oficiaría una ceremonia a propósito de su reciente declaración como “pueblo típico”. Casas abiertas, arregladas de acuerdo a la usanza antigua, verdaderos museos vivientes para recibir a sus visitantes; almacenes ataviados con mercaderías extintas bajo el polvo de la memoria; victrolas que llenaban el aire de música tras ser accionadas por caballeros de edad indescifrable vestidos con trajes de hace 60, 70 o más años; señoras con sombrero visitando el mostrador del almacén don Fernandino; coches a caballo paseando por la calle principal. Sea dicha la verdad: llegué tras la ceremonia y el grueso de los visitantes. Pero pude ver buena parte de lo mencionado y más. Luego, en compañía de mi amigo fuimos recibidos por una joven pareja de la localidad, amigos también de él. Aprovechamos de ver un video de las actividades realizadas por la localidad el 18 de Septiembre pasado, durante las fiestas patrias nacionales. Nuestros anfitriones comentaron acerca de la participación de la población de Zúñiga en diversas actividades y de la cooptación que intentó lamentablemente el Municipio a la hora de la ceremonia a la que no llegué. Arribaron las autoridades comunales, según se me relató, con todo preparado para efectuar la ceremonia, incluido el locutor de rigor, sin la menor consideración por lo que la población hubiese organizado. Finalmente, se impuso el interés de los habitantes de Zúñiga. Escuché –gracias a un video casero- los discursos de la presidenta de la junta de vecinos, y del párroco respecto, entre otras cosas, a su rechazo ante la instalación de una central termoeléctrica en la zona… Zúñiga es, como se pude suponer, una localidad apenas intervenida por programas sociales que en muchos otros lados proliferan a raudales. Por otro lado, el municipio de San Vicente de Tagua Tagua ante la creciente tasa de suicidios entre la juventud y pese a las peticiones de habitantes de Zúñiga, no ha tomado cartas en el asunto. Lo que evidentemente no es un tema menor. ¿Qué hacer ante todo este panorama? Tal era la pregunta que rondó la conversación durante varias horas. ¿Cómo intencionar las acciones que pudiera realizar una comunidad organizada y que respondan a las inquietudes e intereses reales de ella? ¿Cómo evitar la cooptación de sus acciones y cómo evitar que, declarado pueblo típico, sean a futuro externos quienes decidan sin contemplaciones lo que debe hacerse y hacia dónde deben ir las cosas? ¿Cuál es el rol del Municipio? Son preguntas complejas, que requieren largas conversaciones, conversaciones sobre todo entre los mismos habitantes de la comunidad. Son preguntas que, presumiblemente, se generan en variados rincones de Chile y otros países de Latinoamérica. Generar algún plan de desarrollo específico para la localidad, participativo, que produzca lazos con el municipio, y con organizaciones e instituciones externas. El apoyo de profesionales que aporten con excelencia y ética profesional ante los requerimientos. Entender que dichos procesos son, por lo general, complejos y extensos. Diversas son las consideraciones que se pueden tener al respecto. Lo relevante es que sean inclusivas y que sean abordadas desde una perspectiva pluralista y respetuosa. El rol del Municipio respectivo puede ser crucial si se establecen canales de comunicación eficaces, no intencionados de antemano, entre los habitantes de una comunidad y dicha instancia. No es algo tan complejo, es más bien humano. Deben existir contrapartes capaces de generar diálogo. Debe existir voluntad y compromiso. De parte de ciudadanos, autoridades y empresarios, que, en cualquier caso, son ciudadanos también. Suerte a los habitantes de Zúñiga y mis saludos a un nuevo par de amigos.

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Zúñiga, pueblo típico, participación, cooptación