Raúl Vázquez Gutiérrez
© Magíster en Psicología Comunitaria por la Universidad de Chile. Psicólogo de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Cuando nos asombramos con la mañana y esparcimos nuestra mirada en el atardecer pensando que este es una invitación a los sueños, nos damos cuenta que todavía hay un aliento para hacer eso que nos conduce solo adonde nosotros queremos, sin esperar que lo establecido y aparentemente definido se nos de cómo irreducible e inmutable, claramente Jean Paul Sastre lo menciona en su libro “El existencialismo es un humanismo”, “El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla”, es por esto que, enterarse en el torbellino del consumo y fetichismos de lo inverosímil, que uno, de los premios Nóbel (Literatura) se entrega al dramaturgo inglés Horold Pinter causa cierto recelo, ya que su prosa y poesía por la cual discurren sus obras, se han convertido en algunos períodos un dolor de cabeza para más de un editorialista y director de teatro, baste recordar aquel 21 de junio de 1996 cuando H. Pinter pública en el The Guardian lo que sucedió en torno a una de sus obras llamada “La montaña del lenguaje, El 20 de junio de 1996, un vecino de Haringey, Londres, vio a un grupo de hombres armados y uniformados entrando al centro comunitario local kurdo. La policía respondió a su llamado con un impresionante operativo. Aquellos que salían del centro fueron esposados y les prohibieron comunicarse entre sí en kurdo o turco. Tras una hora, la policía entró al edificio. Adentro encontraron guiones y escenografía teatral usado por actores kurdos durante sus ensayos de la obra Mountain Language, de Harold Pinter. No encontraron armas reales. La obra trata sobre la persecución de gente que elige hablar su propia lengua. El coordinador del centro dijo: "'Eran como 50 o 60 oficiales. La gente trató de explicar que sólo era un ensayo de una obra de teatro. Habíamos avisado con anterioridad en la oficina de la policía local y dijeron que no habría problema... pero [hoy] la policía no escuchaba a nadie que fuera kurdo ni los dejada hablar entre sí." El dramaturgo opinó: 'La frontera entre ficción y realidad a veces se vuelve borrosa', “. Por eso, revisar las obras de Pinter (quién ha sido llamado por algunos como el fuerte impulsor contemporáneo de arte político) para quienes luchamos desde las Ciencias Sociales por un mundo con más justicia y equidad se nos hace necesario, ya que en sus obras nos permite ir develando esa otra visión del quehacer de las políticas en un lenguaje que como dice Pinter, es utilizado para mantener a raya el pensamiento, baste revisar la obra “La Montaña del Lenguaje” o como el mismo Pinter ha descrito al lenguaje utilizado en la política, "Creo que (...) es una hipocresía extraordinaria, fundamental, y una interpretación del lenguaje absolutamente errónea", o bien una distorsión o maltrato del lenguaje "de por sí extremadamente destructiva porque el lenguaje nos guía; en un sentido político, nos introduce en toda clase de campos (...) Lo que me parece en verdad peligroso y, digamos, repugnante es que el tipo de lenguaje usado últimamente en realidad sólo justifica actos tendientes a controlar y retener el poder. Me refiero a expresiones tales como «intervención humanitaria», «no olviden la libertad y la democracia» y todas esas cosas". Es por esta grandilocuencia en el decir, que para aquellos que pretenden hacer una psicología comunitaria desligada de la política y absorta del lenguaje utilizado por los políticos de nuestra América Latina, se hace necesario conocer un poco del arte de H. Pinter; por otro lado, quiero mencionar también que desligar las distintas expresiones artísticas de las cátedras en las distintas ciencias sociales se hace una falacia irrefutable, con trabajos como el de Pinter se entiende ese acercamiento con las artes, es por esto que escribir y hacer con arte las ciencias sociales puede ser parte también del psicólogo comunitario, especialmente cuando se relaciona con la comunidad y habla en ese discurso que la comunidad refiere, ya que ver nuestro trabajo sin arte se vuelve deshumanizante y lleva simplemente a conservar el status quo. Por lo tanto, erigir una línea de trabajo del sentido común al que se alude en los discursos de las políticas públicas, se vuelve un ámbito necesario de investigación de la psicología comunitaria, ya que el arte como esté envuelve a aquellos a los que simuladamente se dirige, nos es más que una convención para preservar el poder de una oligarquía cada ves más caduca, pero a su ves favorecida con las propuestas de intervención social simplistas y anquilosadas a las que muchas veces acudimos los psicólogos comunitarios, soñando todavía que favorecen a los que siempre les ha sido negada la voz y la participación en sus propias vidas. E-mail: ravagu2004@yahoo.es

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