Raúl Vázquez Gutiérrez - Psicólogo Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (México)

Cuando hablamos de comunidad inmediatamente nos representamos a aquella con la cual hemos tenido prácticas, por eso cuando al respecto se dialoga es difícil separarse de dicha experiencia. Recuerdo que en los primeros meses de haber llegado (de México) a Chile nos enfrascamos en una con-versación/dis-puta con un amigo acerca de lo que es la comunidad y luego de un tiempo de estar enfrascado en una discusión (en la cual, era difícil comprender los espacios de participación y de sentido comunitario que existen en las comunidades indígenas de Chiapas, en contraposición con una comunidad urbana de Santiago), recurrimos a analizar este termino desde algunos teóricos que la han definido y pues esto nos llevó a tener un análisis más claro y una reflexión más certera de lo que discutíamos, pero al final nos alejamos de aquello por lo que se inicio todo, la difícil reconciliación de la representación que teníamos ambos de comunidad. Si intentamos utilizar un concepto exacto para definir comunidad, nos encontraremos que no es posible, ya que actualmente los cambios tan vertiginosos con los que las comunidades se enfrentan, nos llevan a tomar únicamente aspectos básicos (territorio, historia común…) para distinguir una comunidad de otro tipo de agrupación humana. Pero si nos acercamos a la realidad de las comunidades y vemos que pasa a su interior, ¿Cómo estas se definen?, ¿Cómo se configuran en su devenir diario?, ¿Desde dónde se ven como comunidad?, ¿Se consideran comunidad a si mismos? O mejor aún, podemos acercarnos a ellas con nuestra construcción de comunidad y además pensando que se han constituido como comunidad desde la perspectiva que nosotros tenemos y, además, llegar con eso que decimos que es nuestra metodología de acercamiento para “dizque” trabajar con ellas, en ellas o sin ellas en el peor de los casos. Si revisamos un par de libros de psicología comunitaria (“formales” por supuesto), encontraremos una serie de propuestas metodológicas que no dicen como aproximarnos, pero, ¿Para la realidad que las comunidades tiene construida, es la mejor forma de conocerlas?, se ha dicho ya bastante acerca de las metodologías, y por supuesto, tomar como primer opción a las metodologías y técnicas cualitativas ha sido el principal punto de coincidencia de los teóricos más reconocidos, pero, por que no atrevernos a construir nuevas formas de aproximación metodológica o reformular las ya existentes y con esto también proponer técnicas que emerjan de las comunidades, por que seguir con la tradición de que la ciencia y por ende la teoría tiene que ser aceptada por los científicos o asociaciones que “dizque” por ser especialistas (autonombrados con el derecho que le dan aquellos que los reconocen o los reconocemos como tal) tienen el derecho a decir que es, o no es valido, por que no validar lo construido por la comunidad, que es ella la que al fin de cuentas contribuye directamente con la construcción del conocimiento; cuando se trabaja en un área que germina en un contexto claramente empírico, en medio de grandes desigualdades sociales, creo que es tiempo de escuchar y tratar de ver la realidad que las comunidades construyen, y tratar de hablar con éstas desde el lenguaje que ellas erigen, desde las visiones que tienen de su contexto y por supuesto, partir desde teoría que se genere en ellas y con ellas, hacer una psicología comunitaria desde los pueblos y con los pueblos. ¿Cómo hacer teoría y además innovar, reformular o innovar metodología o técnicas de investigación?, pues la única forma es, atreviéndonos a tocar propuestas nuevas y creativas, retomando las formas de conocimiento empírico que las comunidades utilizan para el entendimiento de su entorno y sustentarlas con teoría que surja de ellas mismas. Aventurémonos a ver una comunidad que surja del sentido de ellas, a creer que podemos ser los forjadores o promotores de una psicología comunitaria que permita ser trabajada desde todas las miradas posibles, donde el lenguaje en que se hable nos haga iniciar una nueva forma de hacer ciencias sociales en América latina, donde un mañana no sea nunca más la reproducción de un ayer, donde cada pueblo aporte un ladrillo de su experiencia para que coincidan en las diferencias, donde tenga cabida el silencio de los que hablan y además hablen todos aquellos que con su silencio dicen lo que callan. Solo si vemos con orgullo lo que hacemos, lo que somos y lo que queremos ser, creo que podremos iniciar o continuar (depende desde donde se vea) ese camino que ayer y hoy algunos ya iniciaron, otros están iniciando e incluso algunos creen ya haber terminado. Unamos cada una de nuestras experiencias indistintamente de nuestro origen disciplinario, étnico o metodológico con el afán de iniciar una propuesta nueva de hacer (no hacer o des-hacer o re-hacer o re-mecer) investigación y por ende, de hacer psicología comunitaria. Raúl Vázquez Gutiérrez, e-mail: ravagu2004@yahoo.es.

comunidad. psicología comunitaria, sentido comunitario